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Jaime Perelló: Con el corazón en la tierra
Por Lorena Ampuero   
Con terrenos repartidos entre Temuco, Los Angeles y Vallenar, este empresario ha sabido sacarle provecho al campo. Es un gran agricultor, pero también un famoso criador de animales. Aquí, habla sobre sus inicios, sobre el famoso fundo “El Budi” que le compró a Arturo Alessandri, su amistad con Julio Ponce y entrega algunas luces sobre sus próximos pasos, entre ellos el ingreso al negocio del aceite de oliva.

A los cinco años supo que lo suyo era el campo. De tanto acompañar a su madre, doña Rosa Ester Arias, a trabajar la tierra –ella venía de una familia de agricultores– le tomó el gusto a la vida al aire libre, lejos de la ciudad. Pero su sangre paterna también lo influenció. Su padre, José Perelló, fue famoso por sus “Peras Perelló” en conserva. Su nombre era sinónimo de éxito no sólo en el pueblo de Santa Bárbara, al interior de Los Angeles, donde se tejió parte de la historia de esta familia, sino que en todo Chile.
Jaime Perelló –hoy de 73 años– es el segundo y único hombre de tres hermanos. La mayor, Elena, ha sido su brazo derecho hasta hoy, y la menor, Loreto, murió muy joven de leucemia. Se crió en la tierra, en medio del ganado y las cosechas. A los 16 años compró su propio campo, que le costó $ 65.000 de la época. Llegó hasta cuarto medio y estuvo a punto de ingresar a la Escuela de Agronomía de la Universidad de Concepción, con sede en Chillán, pero el cáncer pulmonar de su padre, lo obligó a dejar los estudios de lado. Así fue haciendo su propio camino.
Hoy es uno de los ganaderos y empresarios agrícolas más renombrados del país. Con cerca de 10 mil hectáreas entre Temuco, Los Angeles y Vallenar, reparte su tiempo viajando y supervisando personalmente todos sus negocios. Siembra cultivos tradicionales como trigo, papas, maíz y empastadas, además de semilleros de distintas especies. En el área frutícola tiene plantaciones de paltos, limones, clementinas, uva de mesa y vinífera, kiwis y manzanas. Pero también es un reconocido criador y activo participante de rodeos. Fue durante 30 años presidente del Club de Rodeo de Los Angeles. Y es que la ganadería es su mayor pasión y donde se siente más cómodo. En su mejor época, llegó a tener 20 mil cabezas, pero las ganas de seguir cultivando la tierra y diversificándose lo llevó a ir vendiendo animales. Aunque en el rubro dicen que sigue teniendo igual número que antes.
Su mayor logro, reconoce Perelló, fue la adquisición del predio “El Budi” en Temuco, que perteneció a Arturo Alessandri. Cargado de historia y de una belleza sin igual, son varios los empresarios que le han ofrecido comprárselo. Entre ellos, Eliodoro Matte.
En su historia empresarial, sus hijos han sido su gran soporte. El mayor, Jaime Felipe, es ingeniero forestal y trabaja codo a codo con él. El segundo, Mauricio, es ingeniero agrónomo con un MBA en el IE de Madrid y es el gerente general de Agrícola La Cascada, del empresario Ramón Eblen. Y la menor, Fernanda, que es periodista y diseñadora de interiores, vive en Santiago, pero también participa de la actividad agrícola de la familia. Tiene nueve nietos y, como buen hombre de campo, es un gran seguidor del grupo musical “Los Quincheros”.
–¿Cómo fue la compra de su primer campo?
–Lo hice en 1958 con mi propia plata. Mi padre me compró una máquina cosechera y llegue a tener tres de esas máquinas cuando sólo tenía 16 años. Era un campo de 100 hectáreas en Los Angeles, que me costó $ 65.000. Pagué al contado $ 5.000 y el resto en cuotas de $ 15.000 por año. Era un campo que venía con una lechería de 112 vacas.
–¿De ahí su interés por ser criador?
–En realidad, siempre le ayudé a mi mamá en el campo. Ella pertenecía a una familia de agricultores. No teníamos animales e incluso fui uno de los pocos de los que le tocó marcar animales de otra persona. Siempre le preguntaba cuándo íbamos a tener los nuestros, y ella me decía que cuando yo trabajara. Y así fue. Partí con ganado en Los Angeles y fui comprando poco a poco hasta que llegué a tener cerca de 20 mil cabezas entre los años 80 y 85. Después empecé a venderlos cuando quise comprar más tierras.

El campo de Alessandri

–¿Cómo fue la adquisición de la famosa hacienda “El Budi”?
–La compré en 1978. Me tocó pagarlo en medio de la crisis del ’80. Es un campo hermoso en la zona de Freire a la costa, en Temuco, pero antes de ese compré el fundo Rapelco, ubicado en la zona de Mulchén. Son 500 hectáreas donde he sembrado trigo, pero ahí hay principalmente animales. Hoy tengo 100 hectáreas de viñas de las cepas Pinot Noir y Chardonnay. Quise hacer mi propio vino, pero noté que era difícil competir con los grandes. Tuve la fortuna de venderle en dos ocasiones a Aurelio Montes. Hoy vendo mi producción a Concha y Toro y Undurraga. Después me compré el fundo Candelaria en Los Angeles, que probablemente tiene los mejores suelos y clima de Chile para la producción de maíz.
–Al parecer, ¿esa hacienda es muy apetecida por los empresarios?
–Claro. Tiene un valor histórico importante. Ahí hay muchos libros de la época de Arturo Alessandri. He estado con Hernán Rodríguez, el brazo derecho de Eliodoro Matte, recorriendo el campo. Ellos han manifestado su interés por comprar. Me parece que sienten un atractivo especial hacia ese campo que en algún minuto llegó a tener 33 mil hectáreas. Pero se fueron vendiendo hasta que en 1968 vinieron las expropiaciones agrícolas. Tres mil quinientas quedaron en manos de Alessandri.
–¿Qué ha desarrollado en ese lugar?
–Tengo 1.500 hectáreas que les he dado uso agrícola, 1.200 hectáreas que son forestales y 800 hectáreas de selva natural, donde no se ha cortado ni un solo árbol. Con mi hija queremos hacer un proyecto turístico.
–¿Y en el norte tiene terrenos?
–Sí. Tengo un fundo que se llama “Hacienda Las Ventanas” en Vallenar y fue de Pascual Baburizza. Tengo libros del año 1880 en ese lugar. Son 10.500 hectáreas de las cuales 1.650 están cultivadas. Mi idea inicial fue levantar una planta faenadora de ganado para abastecer a Copiapó, Antofagasta, Calama e Iquique, pero vino el tratado del MERCOSUR y le tuve miedo. Era imposible para mí competir en valores. Actualmente tengo allí frutales, uva parrón, cítricos y palta, además de 900 hectáreas de alfalfa, ganado y siembras de trigo, papas, alcachofas, maíz y semilleros.
–A pesar de estar tan diversificado, ¿es el rubro ganadero su mejor negocio?
–Es el que mejor llevo. Pero la competencia es muy dura. Los supermercados se abastecen en un 95% de las importaciones, por lo que sólo un 5% proviene de los productores locales. Sin embargo, tomé el consejo del ex ministro de Agricultura, Jaime Campos, quien me dijo que me inclinara a las exportaciones. Y eso estoy haciendo. El año pasado empecé a abastecer a frigoríficos para que exportaran.
–¿Ha pensado en tener su propia cadena productiva?
–Está en mi mente, pero es un proceso largo, porque recién se abrieron las puertas del país para exportar. Primero fueron 500 toneladas, luego 1.500 y parece que ahora hay posibilidades de que sean 5.000. Tenemos animales de excelente genética y experiencia en la engorda de ganado, por lo que podremos atacar en el futuro los mercados de nicho que exijan una mejor calidad de carne.

Su amistad con Ponce
 
–Usted fue socio de Julio Ponce, dueño de SQM, en el negocio ganadero. ¿Cómo partió la amistad con él?
–Llegué al complejo maderero de Panguipulli a colocar ganado. Ahí nos conocimos y empezamos a hacernos amigos y llegamos a tener ganado a medias. Viajamos a Argentina y Estados Unidos. Estuvimos en Denver y en Kansas. Andábamos recorriendo los centros de inseminación porque queríamos importar tecnología. En una ocasión, cuando estábamos en Denver, Julio conoció las mezclas para fertilización. Recuerdo que me dijo: “Aquí está el secreto. Le vamos a dar las cosas hechas al agricultor”. Ahí está parte del éxito de Ponce en SQM con las mezclas de fertilizaciones para las papas, el trigo, el maíz, etcétera. Hasta hoy él me reprende de haber continuado con el negocio ganadero. El sacó sus cuentas y no quiso seguir con los animales.
–¿Es cierto que en uno de esos viajes se cautivó con los supermercados y estuvo a punto de entrar al rubro en Chile?
–Casi. Fue a comienzos de los ’80. En uno de mis viajes con Ponce me quedé una temporada en Miami y me asombré con los supermercados. Cuando volví a Chile, venía con la idea de replicarlos en pleno centro de Los
Angeles. Me compré un sitio, con una buena ubicación, encargué los estudios necesarios, pero en ese momento apareció la posibilidad de comprar la hacienda “El Budi” y no lo pensé dos veces. El campo siempre ha sido mi pasión.
–¿Ha sido muy difícil ser agricultor? Siempre se escucha que este país tiene condiciones más que favorables para desarrollar esta actividad, pero que es muy ingrata.
–Es un negocio complejo, que tiene mucho riesgo en producción y ventas. Sólo por darle un ejemplo, produje bastante trigo en Vallenar y me fue bien. Pero quise venderlo y no me lo compraron ni en Coquimbo ni en Antofagasta, porque estaban recibiendo trigo de Canadá en noviembre y los molinos estaban copados. En ese momento recién estaba cosechando y pude venderlo finalmente en abril. Es imposible producir bajo esas condiciones. Lo que ocurre es que el trigo importado se trae primero para que el molino pueda negociar mejor con el productor.
–¿Ha sido mal manejada la agricultura en nuestro país?
–Efectivamente. La agricultura ha sido muy mal llevada. No se ha protegido a los productores. El caso del trigo es una maldad, porque hay agricultores que hoy no pueden vender su trigo. No hay resguardos para nosotros. Debería privilegiarse el trigo nacional y luego comprar el importado para cubrir lo que falta. Con mi lechería también tengo problemas. Tengo un costo de producción de un poco más de $ 180 por kilo producido y estamos vendiendo a $ 147 y acaban de anunciar una baja de $ 20 más. Así no se sostiene. Ahora, los agricultores chilenos nunca hemos exigido subsidios, sólo hemos pedido igualdad de condiciones para competir frente a las importaciones. Es en ese punto donde el gobierno no ha actuado con la diligencia necesaria para corregir estas distorsiones.
–Para cerrar, ¿qué hay de cierto sobre su posible interés de ingresar al rubro del aceite de oliva?
–Estuve pensando en colocar olivos. De hecho, mi hija fue a La Rioja, en Argentina, con la idea de hacer algo allá. Pero en ese momento, se estaban plantando 50 mil hectáreas y pretendían seguir plantando más. Finalmente decidimos frenar el proyecto, pero creo que en el futuro vamos a hacer algo con eso. Hemos recibido ofertas de grupos españoles y chilenos interesados en desarrollar proyectos en aceite de oliva. La Hacienda Las Ventanas en Vallenar es uno de los pocos fundos en Chile con agua, clima y superficie para plantar 4.000 hectáreas de olivos en un solo paño. Sin embargo, por ahora tengo otro negocio en mente.
–¿Cuál sería?
–Tenemos ofertas de agricultores y empresas mineras que están interesadas en que les vendamos el fundo y el agua. Tengo entre el 11% y el 12% del embalse Santa Juana.

Comentarios

avatar marcial lagos
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No deja de sorprender la actitud de tan existoso empresario, hombre de campo, que seguramente mal influenciado y mal asesorado, aún no da explicación por una conducta absolutamente impropia en El que enloda su prestigio logrado en años.- Sin entrar en detalles me refiero a las acciones que en el año 2008, por cuenta propia y de terceros, desarrollo en la Hijuela C, del otrora Fundo San Luis, de la comuna de Cabrero.-
Nunca es tarde para dar una explicación y compensar los daños ocasionados, seguramente inconsientement e, pero "ocasionados"; acciones que ademas importan un enriquecimiento injusto para El y en perjuicio de terceros.-



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